
Jurado en la Mostra de Venecia
Una visión del cine que convoca y emociona
De la dramaturgia de la telenovela local a las salas de proyección internacionales: el camino de un comunicador apasionado por el arte audiovisual
Jorge Roig Graterol es periodista cinematográfico, conductor del programa La Junta (transmitido por IVC) y recientemente seleccionado como jurado de la Federación Internacional de la Prensa Cinematográfica (FIPRESCI) en el Festival de Venecia.
Roig proyecta una mezcla de elegancia, timidez e intelectualidad reservada. Egresado de la Universidad Monteávila, su visión aporta una crítica consciente que invita al análisis y propone entender el cine como obras de arte capaces de cuestionar la subjetividad y los andamiajes emocionales o intelectuales de cada espectador. Defensor acérrimo de las salas de cine, cree en la crítica que convoca a la pantalla y no en la que aleja. Asimismo, como promotor incansable de la industria audiovisual latinoamericana, deconstruye las producciones desde la emoción de la dramaturgia tradicional, la preservación en la memoria y el impacto de una gran narrativa. Para este comunicador —que hoy representa una visión compleja y superlativa de la crítica nacional en grandes escenarios internacionales—, la potencia actoral y la precisión técnica son fundamentales.
Su película favorita es El Graduado (Mike Nichols, 1967). “Fue un despertar; al verla sentí que me abría toda la perspectiva. (…) Llegó en el momento justo para indicarme el camino que quería seguir”, asiente con especial emoción.
Después de que Lorenzo Vigas participara como jurado en la Mostra, el mejor consejo que le dio a Roig fue: “¡Que lo disfrutes!”. El comunicador explica que Venecia es uno de los festivales más amables para hacer vida cinematográfica: ver películas, comentarlas e incluso tropezar en las calles con directores y actores. Al estar todo centralizado en el Lido, es común coincidir en las salas o en los trayectos con artistas que comparten la misma curiosidad, lo que genera debates improvisados a la salida de cada proyección.
—¿Qué representa para el periodismo y el cine venezolano que nuestro criterio crítico tenga voz propia en la prensa global?
Creo que esto es importante porque, si bien las películas venezolanas no han estado tan presentes en estos festivales últimamente, ¿por qué no hacer lo mismo con los espacios dedicados al periodismo cultural o cinematográfico?
Desde el inicio, este camino ha sido un aprendizaje continuo alimentado por la experiencia, el intercambio con colegas y la observación del periodismo cinematográfico internacional. El objetivo es adaptar esas buenas prácticas para que Venezuela gane presencia en estos espacios. Abrir esos huequitos para la óptica venezolana ha sido un propósito trazado. (…) Me llena de orgullo decir “Venezuela” en estos espacios.
—Al pasar de cubrir un festival a deliberar en él, ¿cuánto cambia tu forma de ver la pantalla? ¿Se evalúa con la cabeza, la entraña o la responsabilidad del oficio?
Creo que es una mezcla de todo. Estudié Comunicación Social, luego Dirección de Cine y Actuación. Haber experimentado ambos mundos —no solo la crítica que analiza, sino entender el esfuerzo detrás de cada segundo en pantalla— me da una perspectiva más equilibrada.
Para mí responden mucho las emociones; me dejo llevar por lo que produce la película y cómo te mueve la fibra ya sea por las actuaciones o por cómo está contada. Película que no me mueve nada es lo peor que puede pasar; tienes que salir de la sala distinto a como entraste. Por otro lado, hay una rigurosidad en la que debes fijarte en el más mínimo detalle. Vas a ver películas con un estándar muy alto donde lo que defina el premio serán detalles minúsculos: una propuesta más arriesgada, un lenguaje audiovisual dominado o la dirección de actores.
— En un contexto dominado por opiniones instantáneas en redes sociales, ¿cuál es el verdadero valor de que la prensa cinematográfica formal siga otorgando premios en los festivales más importantes?
Hoy en día mucha gente tiene las herramientas para movilizar a una comunidad y decirle si ver o no una película, lo cual me parece delicado. Mi aproximación hacia la crítica siempre ha sido rescatar algo valioso o que conecte con la gente, aunque a mí no me haya gustado.
Por eso es clave la presencia de críticos en jurados de festivales clase A. Aportan una mirada externa e intelectual basada en el lenguaje audiovisual, los elementos narrativos de cómo se analiza un guion, las interpretaciones y la dirección, lo que ayuda a tener una perspectiva un poco más intelectual de la película y las actuaciones, que complementa la visión de los cineastas o actores que están dentro de la industria. A esa intelectualidad me gusta sumarle la experiencia de lo que la película te hace sentir. Es una figura alterna, fuera de la industria, más libre y necesaria; porque en dos horas de película estoy seguro de que algo bueno puedes encontrar.
—¿Cómo traduces un criterio tan riguroso al formato de un programa de TV para que sea dinámico y entretenido sin perder la elegancia e intelectualidad?
Eso es un trabajo en equipo: de una producción grandísima y de mis compañeros, que cuando uno intenta ser serio, no te dejan. Al principio empecé siendo muy serio en el programa y ya me he ido soltando; la verdad eso me encanta.
Hay mucha elegancia y solemnidad en estos festivales, pero también hay que entender que esto es una industria y que si estas películas no son vistas, no van para ningún lado. La mejor manera de comunicarlas es desde la frescura, desde la espontaneidad que nos da el programa, los guiones y el trabajo que hacen los productores.
El ejercicio que haremos allá es repasar lo que he visto, compartiéndolo con ellos y contando las experiencias: conferencias de prensa, entrevistas e incluso eventos sociales, porque todo esto es un aparataje que va más allá de la sala de cine para darle visibilidad a las películas.
TRAYECTORIA Y VIDA
—¿Cómo ha cambiado tu propia voz y ritmo frente a la cámara desde tus inicios hasta convertirte en un referente del periodismo cultural?
Lo veo con mucha emoción, porque son los sueños que he tenido desde chiquito. Mi voz ha cambiado bastante. Al principio tenía una visión un poco más irreverente y no tan curada, donde iba a la primera reacción sin profundizar. El haber estudiado cine me entrenó el ojo de una manera totalmente distinta: ahora entiendo las piezas para armar esa torre de Lego, y el discurso se ha ido refinando con los años y con la cantidad de películas que he visto.
Estuve ocho años en televisión con Cita con el Cine. Entendí que ese espacio llegó cuando el cine venezolano necesitaba una vitrina para ser promocionado y romper estigmas. Ahora en La Junta siento que puedo adueñarme y ser responsable de las opiniones que doy. Muchos me dicen que soy muy tibio, pero no tengo que ceñirme al estilo de nadie; prefiero decir lo que quiero siempre desde el respeto y el aprecio profundo hacia los cineastas, tratando de comunicarlo a la gente para que le den ganas de ir a ver la película.
—Si ves al Jorge con el que inició y el de hoy, qué obsesiones han cambiado frente a la pantalla y qué terquedad se mantiene?
El Jorge que empezó ni se hubiese imaginado que estas cosas iban a pasar; lo veía muy alejado. Además, estaba con esa guerra de que si en Venezuela no tenemos oportunidades, y yo más bien le diría: hay que cambiar ese switch y empezar a buscar esos huequitos por donde van a venir las oportunidades. Una obsesión que he tenido desde pequeño es hacer buenas relaciones en todos lados. Cada espacio importante donde tú estés es una oportunidad para demostrar quién eres, el trabajo que haces o qué es lo que quieres lograr. Así se me han ido abriendo las puertas.
—¿Cuál dirías que ha sido la clave para consolidar una faceta televisiva respetada y qué enseñanza te deja esta etapa para lo que viene?
Mi gran aprendizaje ha sido hacer las paces con quién soy como crítico y poder comunicarlo libremente. Al principio quieres agradar, pero he podido encontrar un balance donde las cosas negativas hay que decirlas siempre desde el respeto y balanceando con lo positivo. Mientras más te pareces a quién eres tú, la gente lo aprecia más y eso se traduce también a la creación de contenidos. Agradezco tener espacios donde quieren verme como soy, sin ir hacia un personaje.
Quiero seguir explorando festivales clase A como Cannes y Toronto. También me interesa el tema de las academias, de los premios Platino y los premios Feroz, además de seguir con los Globos de Oro y generar más espacios donde el nombre de Venezuela esté presente.
Créditos: Por Sara Kafrouni
Fotografía: César Palacios
